Super Mario Run: conexión permanente, básico y adictivo

Hay videojuegos de consola de esos «machacabotones» que ofrecen mecánicas sencillas pero altamente adictivas. Esa fórmula se ha trasladado al mundo del «smartphone» con algunos juegos de sencilla ejecución pero diversión garantizada. En su desafío por reinventarse, Nintendo ha caminado con paso firme sobre el fenómeno del juego móvil, esos pequeños divertimentos de bolsillo que cubren porciones de tiempo pero que, con todo, han generado un importante negocio alrededor en los últimos años. Y Super Mario Run (disponible para iOS; se desconoce si llegará a Android el próximo año) viene a cubrir esa parcela con una fórmula sencilla en su dominio, pero pensada para atrapar al usuario desde el primer momento. La mecánica consiste en superar los obstáculos que el personaje se encuentra a su paso, sorteando los enemigos que se encuentra, recopilar las monedas y objetos que están disponibles. El juego se desarrolla a través de un scroll horizontal. En parte, recuerda a otras propuestas como Lep’s World Plus, Run Tappy Run o Incredible Jack. La aplicación está diseñada para poder utilizar, si se desea, un solo dedo, incluso con el pulgar bastaría. Bajo un concepto conocido como «endless run». en este juego Mario corre de manera automática (si la posibilidad de retroceder), salta también por defecto los obstáculos pequeños, pero con suaves golpecitos sobre la pantalla da saltos; si se mantiene presionado el salto es más pronunciado y hay gestos que permiten dar volteretas justo en el momento en que estés a punto de saltar sobre un enemigo. En caso de fallar el personaje aparecerá dentro de una burbuja para darle la oportunidad al jugador de volver a intentarlo nuevamente. El primer juego móvil del célebre fontanero de Nintendo cumple con lo prometido. Sin demasiados artificios pero manteniendo la estética de la franquicia el juego consta de seis mundos -como llama la compañía- compuesto por cuatro niveles cada uno. Cada uno de ellos sigue una curva ascendente de dificultad pero moderada y accesible. Incluye una serie de retos para, por ejemplo, recoger determinada cantidad de monedas virtuales a lo largo de cada partida. La «app», además, ofrece un modo carrera que plantea desafíos contra otros contrincantes, aunque en esta primera versión no cuenta con un apartado multijugador. El reto es superar el la puntuación del rival. Durante la partida se compite contra el fantasma del rival, un método para dotarle de mayor competitividad. Otro aspecto desacato es el apartado denominado «Mi Reino», en donde el jugador toma posiciones en un minijuego cuyo objetivo es la obtención de regalos en forma de monedas y otros objetos. A pesar de que no se trata de un juego multijugador «ad hoc», Super Mario Run requiere de conexión permanente a internet, lo que puede conllevar gastos adicionales en la tarifa de datos móviles. Ofrece la aplicación también de vincular la aplicación con una cuenta de Twitter y Facebook, lo que permitirá consultar otros amigos sugeridos. Una medida muy común en la industria pero que puede generar conflictos entre los defensores de la privacidad. Es posible invitar o añadir otros contactos introduciendo un código identificativo. Otro de los aspectos que puede generar controversia es en lo relativo a su modelo de negocio. La descarga del juego es gratuita, pero esta primera versión está diseñada a la captación de público, puesto que ofrece funciones limitadas. Para desbloquear todos los mundos y niveles es necesario el desembolso de un pago único de 9.99 euros.

Hay videojuegos de consola de esos «machacabotones» que ofrecen mecánicas sencillas pero altamente adictivas. Esa fórmula se ha trasladado al mundo del «smartphone» con algunos juegos de sencilla ejecución pero diversión garantizada. En su desafío por reinventarse, Nintendo ha caminado con paso firme sobre el fenómeno del juego móvil, esos pequeños divertimentos de bolsillo que cubren porciones de tiempo pero que, con todo, han generado un importante negocio alrededor en los últimos años

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