Educación: territorio (tecnológico) a ocupar

Que el sector de la educación es un negocio es un hecho más que obvio. Las cifras de estudiantes, más de ocho millones cada curso en España, demuestran que es un territorio a explorar. Y, cómo no, en plena reconversión industrial y digitalización las nuevas tecnologías han tocado a la puerta de las aulas. La batalla que se libra desde hace años se ha endurecido en los últimos coincidiendo con el despliegue de internet de alta velocidad y del impulso social que ha visto cómo los dispositivos móviles forman parte de la vida diaria de las personas. Microsoft, hasta la fecha, había liderado, al menos en grandes mercados como el norteamericano, la penetración de dispositivos electrónicos orientados al mundo educativo, pero con el auge y popularización de los llamados Chromebooks -ordenadores de bajo coste que funcionan en entornos virtuales- han conquistado al alumno, sobre todo en la educación primaria y secundaria. Apple, con sus MacBook (incluso con el iPad Pro), también ha logrado obtener importantes réditos en este sector (gran parte proveniente del alumnado universitario) en donde, de nuevo, Microsoft planta su semilla. Y lo hace por partida doble. Las últimas novedades del gigante de Redmond lo ponen de manifiesto. Windows 10 S, una versión más accesible, en la nube y limitada que el sistema operativo completo, y el ordenador portátil Surface Laptop confirman ese interés de Microsoft en reforzar su línea de negocio. La nueva-vieja idea es conquistar definitivamente los colegios. Y ese esfuerzo pasa por reducir los precios de los productos a adquirir dados los siempre escasos presupuestos que manejan los centros. Terry Myerson, vicepresidente de Microsoft, dejó claras las intenciones durante su presentación esta semana en Nueva York (EE.UU): la utilidad de Windows 10 S estará en las disciplinas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, nichos de mercado para «un sistema operativo que se impone a los demás en la educación estadounidense previa a la universidad». La idea, por tanto, es cubrir las necesidades de los alumnos (en primer lugar) y los colegios (por extensión). Tomar apuntes, editar documentos, utilizar algún programa de ofimática, corregir deberes y gestionar las clases es cada vez más habitual hacerlo desde una pantalla. Porque lo que en la sociedad y en la industria se aprecia con total nitidez, en el aula también ha empezado a notar los efectos del tsunami digital; ha trastocado sus cimientos y la naturaleza de la misma han mutado en comparación a otras épocas. No obstante, en el fondo, todo acaba en el mismo lugar: enseñar. Pero los alumnos, hoy en día, tienen a su alcance numerosos recursos tecnológicos para lograr clases más eficientes y metodologías más dinámicas, y más teniendo en cuenta que este tipo de complementos y accesorios formarán parte del entorno laboral una vez que estos alumnos accedan en un futuro. Y grandes firmas tecnológicas se han puesto del lado de la educación porque, en realidad, han visto un floreciente negocio ante sus pies. Solo un par de datos para situarnos. Según la firma de análisis de mercado IDC, el gasto en ordenadores, programas informáticos y servicios de tecnologías en la educación en España fue de 508 millones de dólares en 2014 y se elevará a 528 millones en 2019, lo que supone un crecimiento medio anual del 0,8%. Para hacernos una sola idea del maremágnum al que se enfrentan en algunos mercados como el español, el presente curso 2016-17 arrancó con 8.117.122 alumnos no universitarios, a los que hay que sumar el millón y medio de universitarios y, obviamente, sus profesores (unos 594.018), según la memoria del Ministerio de Educación. ¡Imagínate el dinero que se puede recoger de un solo centro educativo! Por esta razón son muchas las firmas interesadas en tirar del carro. Asus, Acer, Dell, Lenovo o HP han presentado en los dos últimos años sus propuestas de Chromebooks, cada vez más populares en las aulas «al proporcionar una solución sencilla, segura y manejable para favorecer el aprendizaje basado en la tecnología», en opinión de Gus Schmedlen, vicepresidente de educación en HP. Una visión compartida por Jon Phillips, director general de la estrategia de educación de Dell EMC, quien en un comunicado advierte que «las mejores prácticas del modelo de aprendizaje han evolucionado y el entorno educativo de hoy debe ser personalizado y estar dirigido por los alumnos, de manera que tengan la libertad de hacer su trabajo dentro y fuera del aula». Ahora, Microsoft aspira a liderar este incipiente y goloso sector con su Windows 10 S -la alternativa a Chrome OS-. El sistema operativo estará disponible sin coste en el próximo curso escolar para los colegios que utilizan computadoras con Windows 10 Pro, mientras que sus socios Acer, ASUS, Dell, Fujitsu, HP, Samsung y Toshiba lo ofrecerán a partir del verano en sus dispositivos desde 229 dólares. Es decir, a muy bajo coste para que puedan adquirirse sin dificultades para los alumnos más jóvenes. Más allá del precio La configuración y el formato juegan también un papel fundamental, ya que unos apuestan por las tabletas (infantil) como dispositivo de consulta, portátiles (primaria y secundaria), aunque comienzan a introducirse los convertibles y «2 en 1» más pensados para hacer trabajos. Por primera vez, en 2016 las ventas de ordenadores Chromebooks lograron superar a las registradas por la línea Mac de Apple. En concreto, se distribuyeron en los centros norteamericanos más de dos millones de unidades de dispositivos basados en Chrome OS, mientras que la firma de la manzana obtuvo unos 1.78 millones de unidades vendidas en el mismo ámbito, según datos de IDC. Una muestra más del impulso de estos ordenadores de bajo coste (por debajo de los trescientos euros) que ofrecen prestaciones básicas pero más que suficientes para introducirse en el aula. Según otros datos, en este caso elaborados por la consultora Futuresource, los Chromebooks acumularon el pasado año el 58% de cuota de mercado (50% un año antes), un 14% las tabletas basadas en iOS y un 5% los Macs. Aún así, los dispositivos basados en el sistema operativo de Google tienen muchas limitaciones a nivel técnico que pone en riesgo su hegemonía. «En un nivel de reemplazo en el que la tecnología no se usa para facilitar una transformación de la naturaleza de las metodologías de enseñanza y actividades de aprendizaje, sino un simple cambio de soporte, tanto el iPad como el Chromebook van a proporcionar un nivel de desempeño suficiente. En algunos aspectos ganará el Chromebook debido a su orientación como ordenador convencional. Seguramente estemos hablando de niveles educativos altos, con gran carga ofimática, por así decir. En otros, como el consumo de material didáctico, como libros, apuntes, vídeos, etc, el iPad se impone», apunta por su parte Fran Iglesias, Content Manager de Rossellimac.

Que el sector de la educación es un negocio es un hecho más que obvio.

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